jueves, 17 de agosto de 2023

El minúsculo Barrio Chino de Buenos Aires

 Con un cierto aroma a frituras formando parte de la idiosincrasia de un recorrido turístico, el Barrio Chino de Buenos Aires es extremadamente pequeño, que se disfruta igual, si vamos con ganas de eso.

Llaman la atención los lugares con la profusa variedad de alimentos que los argentinos conocemos poco. Lo demás, es algo que se halla en el resto del país, en los comercios que venden cosas importadas orientales. Lo conocimos en días de semana, y medio temprano, por lo que no estaba al tope de gente aún.

Entramos a un restaurant y pedimos que nos recomendaran algo rico de ellos. No iba a pedir milanesas con papas fritas, vamos, dejemos que la fantasía nos traslade un poco a otro país.

Nos recomendaron arrolladitos primavera, chop suey y chow fan. Jugo fresco y natural de pepinos para beber, todo producido por la casa.

No se puede negar, viéndolo con ojos criteriosos, que el sintético Barrio Chino de Buenos Aires es un sitio pintoresco. Debiera extenderse unas cuadras más.

Luces de Madrid

 Al estar cerca el mes de diciembre, Madrid, como muchas otras ciudades de España, se viste de luces. Con decoraciones sobre las calles realizadas con diseño de autor, cada año muestra una temática distinta, sumándose al espíritu festivo de los fines de año.

Frentes engalanados.

Puerta de Alcalá.

Correo Centro-Centro.

Enormes y de todo estilo, por toda la ciudad.

Se mueven, hacen música y deleitan a los niños.

Diseños de autor, todos - 1

Diseños de autor, todos - 2

Los comercios.

Satélites en la calle.

Sólo por ver este juego de luces, vale la pena ir una noche de noviembre o diciembre a Madrid.

Museo de Cera de Madrid

 Ubicado en la calle Plaza de Colón, la visita a este museo es muy sorprendente. Cuando me tocó ir, había obras muy logradas y otras no tanto. Al parecer, ha seguido creciendo en figuras expuestas y en calidad. Me quedé con el recuerdo de los retratos más logrados.

Encontrarme con mi obra favorita de Goya, recreada en una instalación de esculturas, fue un impacto al corazón.

Es genial "codearse" con la flor y nata de la literatura, en ese "bar".

Excelente ambientación y vestuario de Moctezuma y Hernán Cortés.

El juego es ir viendo los retratos sin leer su cartel.

La mirada característica del malagués.

Las actitudes también son muy importantes para retratar.

El poder.

La ciencia también está presente.

El mundo del cine.

Nuestro querido José Gervasio de Artigas.

El poder II.

Las bellas.

Presumiendo.

El Barolo, esa joya porteña

 Con el propósito de que sirviese como edificio de oficinas, Luis Barolo consideraba que trabajar no tenía que estar reñido con la cultura, la belleza, lo agradable. Siendo un progresista y poderoso productor agropecuario italiano, se radicó en Argentina en 1890. Fue el primero que trajo máquinas para hilar el algodón y se dedicó a la importación de tejidos.

En 1810 conoció al arquitecto Mario Palanti y lo contrató para realizar el proyecto que tenía en mente. De estilo europeo, se levantó un palacio a un par de cuadras del Cabildo de Buenos Aires, sobre la Avenida de Mayo.

El edificio, inaugurado en 1923, consta de 24 plantas, con 22 pisos y 2 subsuelos, midiendo 90 metros de altura hasta la cúpula y llegando a los cien metros gracias a un gran faro giratorio de 300.000 bujías que lo hacia visible desde Uruguay. Una usina propia lo autoabastecía en energía. Allá por 1920, esto lo convertiría en lo que hoy denominaríamos “edificio inteligente”.

Tanto Barolo como Palanti admiraban profundamente la obra de Dante Alighieri, y decidieron darle al Palacio todos los simbolismos que recordaran a La Divina Comedia.

Ya en la planta baja nos reciben en latín: "Ningún juez más justo que el autor de la obra".

Los ascensores son arte e historia, están perfectos.

Detalles del interior de uno de los ascensores.

Otro ascensor, me fascinaron. A medida que se van ascendiendo pisos, los ascensores son cada vez más chicos, debido a la forma del edificio, que se angosta hacia arriba.

Arquitectura imponente. Lo que se ve ahí es la planta baja, es el comienzo del Purgatorio de Dante, y esas rosetas de vidrio en el piso, son varias, cuando de noche se encienden las luces rojas del sótano, se muestran como señales del Infierno que está debajo. Alucinante.

La plasticidad de la cúpula.

Balcones circulares en el centro interior del edificio.

Desde el piso 22, no nos perdimos la Gran Luna.

Hermosos jóvenes, trasladados en el tiempo.

En recuerdo de Dante.

Existen oficinas que quedaron en el tiempo, con elementos para sacarnos una foto.

El broche de oro de la noche: ver encender el faro. El final no se cuenta, es sorpresa. Una visita obligada, la del Barolo, que es un crimen perderse.



El Castillo de los Moros, el vértigo del año

 Según se dice por ahí, para mantenernos jóvenes y vitales tenemos que hacer, al menos una vez al año, algo que nos dé mucho miedo. Con la escalada al Castillo de los Moros en Sintra, Portugal, me aseguré la juventud por diez años.

Subiendo la cuesta hacia el Castillo, todo Sintra es cuesta. Todo Sintra es verde y oxígeno.

Hacia donde se mire, nos sigue la belleza.

A no dejarse engañar por esa minúscula puertita de entrada...

Comenzando a subir.

¡Ese musgo de Sintra, tan alfombra!

Escalones arriba, a medida de que se sube, los escalones se angostan cada vez más, sin baranda alguna al precipicio.

Muchos más escalones.

Una vista para enamorar.

Más arriba aún.

¿Ven las "barandas" que tienen apenas 20 cm de alto? ¿Y los escalones, 60 cm de ancho?

Magia. Sin parangón. Dominio de la sierra, el monte y el mar.

Uno de los miradores de la cumbre.

Intrincado camino de piedra.

Torres de defensa.

Bajando por el otro lado.

Regresando, siempre a pie, a la ciudad.

Foto tomada con la máxima potencia del zoom: esas dos cumbres y todo el Circuito de La Pena fueron recorridos a pie en una misma tarde, sí, señor.
Izquierda, Castillo de Los Moros. Derecha, Palacio de La Pena.

Buscando dónde cenar, luego de doce horas de caminata y ayuno forzado.

Reponiendo energías. Se hizo la noche en una terraza toda para mí, alumbrada luego con velas. Y después, a dormir.